Todo me roza,
choca contra mi.
Se deshace en pequeños pedazos
que se incrustan en mi alma
y duelen.
Una mirada vacía,
una palabra desierta
de cualquier sentimiento,
una tristeza,
un enfado,
un lloro.
Todo rompe en mi corazón
y deja sus cristales incrustados.
Pequeñas rocas de la vida
con las que tropiezo cada día.
Dicen que el hombre puede
dos veces caer con la misma piedra,
mas yo caigo millones de veces
con millones de ellas
Solo una sonrisa
es capaz de operar
mi alma y desincrustar
las balas de tu dolor.
Solo tu sonrisa
puede iluminar la oscuridad
en la que esa pena tuya
me atrapa,
me corrompe,
me mata.
Dije en mi primera entrada que la poesía se encuentra en todo lo que nos rodea y que si estamos atentos podemos oírla. Este poema, si creéis que merece esa consideración, surgió en una discoteca de Madrid mientras estaba de fiesta con unos amigos. Con esto intento demostrar que si, a pesar del ruido que nos rodee, conseguimos tener la mente abierta a lo que nos envuelve la poesía puede surgir hasta en lo sitios más inverosímiles. Como en las anteriores entradas que publiqué, os animo a dar vuestra opinión y comentar.